ARTICULO PUBLICADO EN GI-DONA
“VIVENCIAS”-Por Ines Diaz
Viajo a 1996, Buenos Aires. A mi primera clase de Danza Oriental. Buscaba agregarle algo de sensualidad al personaje que estaba preparando para mi trabajo de final de curso en la escuela de teatro. No conocía nada de esta danza. Estaba dispuesta a encontrar un grupo de femmes fatales practicando sus artes de seducción, para ser miradas, para gustar. Con mas prejuicios que apertura mental entre al salón.
La sorpresa fue inmensa! Para comenzar, al empezar los primeros pasos, parecía como si mis caderas hubieran estado esperando durante años moverse así…..mis pies descalzos se deslizaban por el suelo como si hubieran echado raíces…. No me salía nada bien, por supuesto, pero mi cuerpo estaba agradecido. La música me envolvía, la percusión me dio fuerza sentía el latido de la tierra…..Pero lo mas sorprendente eran las mujeres que me rodeaban. Era un grupo variado, si bien la mayoría eran jóvenes, también había algunas mayores. Conforme avanzaba la clase, la energía subía. Yo me senté a un lado, ya que mi torpeza no me permitía seguirlas….Poco a poco sucedió la transformación: se desdibujaron los rostros cansados y los ojos de todas comenzaron a brillar de otra manera. De pronto la diferencia de edad que había entre ellas desapareció por completo. Bailaban en circulo, hablaban entre si con el cuerpo, se decían cosas que no podían explicarse en palabras. Las veía intensamente alegres, bellas, poderosas. Me di cuanta de que no bailaban para nadie más que ellas mismas, que no buscaban la aprobación de nadie, por que no la necesitaban.
A partir de ese día la danza y yo vamos juntas. Por que sin darme cuenta, se convirtió en mi camino. Es decir que vi que al ejecutar la danza todo aquello que era mi vida se veía reflejado en la manera en la que el movimiento salía; por ende lo que mejoraba en la danza repercutía en la vida!
Pasaron varios años (5 exactamente) hasta que un día decidí enseñar. Lo hice por puro egoísmo. No fue una decisión que naciera de la generosidad, o del “amor al prójimo”
Fue cuando descubrí que se aprende verdaderamente aquello que somos capaces de explicar con sencillez. Lo que se brinda deja espacio para un nuevo aprendizaje. Quería aprender más, simplemente.
Reuní un pequeño grupo y empecé a transmitir lo que sabia. Nueva sorpresa: enseñar es un arte paralelo a bailar, van de la mano pero no son la misma cosa. Algo evidente para muchos, no para mi……Cada clase que daba era un desafío
Al terminar un curso me vuelvo terriblemente sensiblona. En especial cuando el curso que se acaba es el de tu primer grupo y mas aun cuando sabes que no hay posibilidad de continuarlo por que has decidido cambiar tu domicilio a 13.000 kmts de distancia. En la clase final todas las alumnas-amigas decían unas palabras de despedida con gran emoción. Pero le toco el turno a una que nos dejo sin lágrimas y con la boca abierta. Ella nos explico que desde durante seis años había intentado tener un hijo. Que los médicos no hallaban ninguna causa física ni en su compañero ni en ella, pero ese bebe no llegaba….Nos dijo con toda la certeza del mundo que durante el curso de danza algo en ella habia cambiado, y que finalmente lo había logrado: estaba embarazada!!!!!No nos explico que era lo que había cambiado, quizás por pudor, o por que no .lo tenía del todo claro.
Me subí al avión de emigrantes. Había estallado otra crisis en la Argentina y mi imaginación flaqueaba, no era capaz de ver un futuro mejor. Queme las naves y partí con mi familia.
Durante el viaje pensaba en ese testimonio. ¿Qué era exactamente aquello que había podido cambiar gracias a la danza? Las posibilidades eran muchas.
Probablemente, lo que a ella le permitió ser madre era el mismo factor que a mi me había eliminado por completo los dolores premenstruales. Tal vez, sino fuera por la danza mis partos no hubieran sido todo lo bellos que fueron….
¿era una cuestión puramente física?¿ Una relación directa entre sacudir la pelvis-activar hormonas????? o se estaba moviendo algo mas a nivel psíquico????(perdón por ponerme tan argentina….)
Cuando eres inmigrante ilegal tienes de pronto mas tiempo. No tienes permiso de conducir, ni amigos ni conocidos a los que decir “me voy que tengo prisa” por que no te demoras en ningún sitio. No conoces a nadie y nadie te conoce, así que cuando vas por la calle , te da la sensación de que no eres, no estas allí. Hay un vacío. Un vacío de información y mucho tiempo. Tenia la suerte de poder cuidar a los míos, y una conexión a Internet que me permitió acceder a muchos textos que me siguen, aun hoy, ayudando a responder esta pregunta y a otras mas.
Hubo uno, que me acerco a lo que creía podía ser la respuesta . Explicaba que en la antigüedad, y estoy hablando de la cultura pre-patriarcal, la serpiente era el símbolo de la sexualidad femenina. Toda la voluptuosidad, sus ciclos, la fertilidad, la conexión particular con la vida y la muerte… era la misma serpiente que en los textos bíblicos susurra a Eva en el paraíso….la misma serpiente que tanto tiempo después Maria tuvo que pisar.
¿Qué esta pasando con la Danza del Vientre? ¿Por qué este “boom” no para de hacer ruido y de crecer sin parar?
No me alcanza co0n pensar que es una cuestión de moda. Esta practica esta cubriendo una falencia, esta siendo utilizada como una herramienta de cambio. Ha sido tomada por mujeres que como yo, no estamos conformes con los modelos heredados y estamos buscando desesperadamente otras nuevas maneras de sentirnos mujer, de relcionarnos con la vida.
Nos hemos dejado seducir por el mundo publicitario hasta que esas frases de los anuncios se han colado en nuestras mentes tomando vida propia, casi y poniéndonos en situación de guerra con nuestro propio cuerpo……..¿que nos pasa a las mujeres? ¿ es que acaso esa libertad ganada a pulso por las generaciones anteriores las estamos invirtiendo nada mas que en imagen? ( vale, perdón otra vez por lo panfletaria!)
Ha pasado el tiempo, las cosas cambiaron, y mucho. Los rostros ahora tienen un significado. Se acabo ese tiempo……tengo permiso de residencia y comencé otra vez a dar clases! Empecé con una alumna y poquito a poco el trabajo fue creciendo. He descubierto esta tierra bailando con las mujeres de aquí. Y me encanta….cuando conoces a alguien danzando no hay lugar a dudas, no hay falsos discursos, ni confusiones. No puedes ponerte ninguna mascara por que cuando bailas emanas algo y ese algo es lo mas autentico que hay en ti. Recreo una otra vez aquella primera clase de danza , pero ahora soy la que lleva el rol de profesora….
A nivel profesional, tanto en Girona como en los alrededores, me he encontrado compañeras que comparten la misma visión por la danza y por la vida. Una y otra vez se anteponen el respeto y los principios ante las diferencias que van surgiendo. Y eso es mucho decir. Gracias a esta actitud ha sido posible crear la “Trobada de Danza Oriental de Girona” que en sus dos flamantes ediciones ha sido un éxito para las mas de cien mujeres que hemos participado en cada una de ellas. También otros encuentros, como “El Festival Internacional del Solsticio”, que igualmente lleva dos ediciones con figuras de primera línea a nivel mundial. Aun queda mucho camino por delante, por suerte para las que nos gusta caminar.
LA DANZA DEL VIENTRE
Por Ines Diaz (articulo editado en la revista La Eco 01-08)
Lejos de ser una moda pasajera, la Danza del Vientre ha echado raíces en occidente y es reconocida como un arte y como una técnica para el bienestar y la salud.
No busca los despliegues en el escenario, ni lo grande, ni lo rápido, ni lo poderoso. Busca la energía de la tierra misma, despliega su potencial en las caderas, la eleva ascendiendo por el cuerpo y finalmente la ofrece al cielo en un gesto delicado de las manos, una mirada…
Esta danza nos sumerge en el principio femenino, en el erotismo, la poderosa fuerza de lo sutil. Sus movimientos nos invitan a relajarnos permitiendo que brote la gracia natural; ese “brillo” particular que nos hace irrepetibles. No resulta sensual por el hecho que la bailarina use determinado traje, o porqué mueva determinada parte del cuerpo, sino porqué en su danza se conecta con las sensaciones que produce el movimiento.
Cautiva su estética, que nos habla de mujeres lejanas de otros tiempos y otras tierras. Sinceramente no creo que se trate solo del gusto por lo exótico. Es un acercamiento a las otras caras de lo femenino. Eva y Maria, que son los dos rostros que nos ofrece nuestra cultura para sentirnos mujer (independientemente de la religión que practiquemos, son iconos que habitan nuestra psique), no abarcan la totalidad del universo femenino. Por eso nos llaman los ecos de diosas olvidadas pero latentes en ser que buscan un canal para expresarse y un espejo donde mirarse. Al reunirnos a golpear y girar nuestras caderas, estamos reconectándonos con nuestras raíces ancestrales, el legado matriarcal que celebra la fertilidad, los ciclos de la vida y la muerte, el reino de los sueños y lo desconocido.
De la larga lista de beneficios que aporta esta práctica, comenzaremos citando el más olvidado: el de recuperar el trabajo en grupos, los círculos, la alegría que circula entre pares.
Lejos de la competitividad, lejos de la búsqueda angustiosa del “éxito”, el trabajo en grupos es un campo abierto para la solidaridad y la retroalimentación, esa que nos permite, gracias a alguien que me sirve de espejo, llegar mas allá de mi misma.
La Danza del Vientre esta siendo hoy en día un espacio en el que cultivamos esta manera de relacionarnos.
Cuando estamos bailando y una mujer se muestra generosamente, es decir, sin que se guarde nada dentro, brindando todo lo que ella es, está generando un alud detrás suyo. De pronto al quitarse ella el velo, no un velo real, sino el velo de la vergüenza y los complejos, las demás compañeras que presencian su danza se quitan también su propio velo.
Es un hermoso, magnífico efecto dominó que no deja indiferente a nadie.
De esta manera estamos tejiendo una red en la que nos animamos mutuamente. Estamos celebrando nuestros cuerpos de mujer. Estamos preservando un espacio para la alegría. Estamos comunicándonos más allá de las palabras desde lo más profundo, con nuestra presencia, el movimiento, el gesto, la mirada…
Atrás quedaron los complejos, olvidados, sin esa cuota de atención permanente se convierten en lo que son: un espejismo, una creación inútil de nuestra mente.
Al movilizar nuestros úteros dormidos (desde generaciones atrás) podemos redescubrir la sexualidad con otros ojos, hacerla nuestra y quitarnos de encima la mirada exigente y cruel que nos exige ser de una forma y no de otra. Así el concepto de belleza pasa de ser una imagen externa que queremos alcanzar a convertirse en una vivencia, un estado que surge de la armonía del movimiento, de la absoluta conciencia del aquí y ahora, de la energía que fluye de nuevos manantiales y circula por todos los rincones de nuestro cuerpo.
Mujeres de todas las edades y todas las tallas se acercan a las clases, se enfrentan cara a cara con sus complejos y su desencuentro con el cuerpo. A veces, para empezar a bailar hay que desandar hábitos y actitudes que están escritas en nuestra postura como si se tratara de una hoja en blanco. Miedos, tensión, bloqueo emocional… todo deja una huella que se desdibuja con conciencia, constancia y la transformación que opera en nosotras la alegría del movimiento.
BENEFICIOS
Al aprender algo, creamos nuevas sinapsis. Cuando estamos ante la maravilla de crear una nueva conexión neuronal somos capaces de abandonar las antiguas conexiones que queremos dejar atrás. Es decir, que si queremos dejar un hábito, no es suficiente con desearlo: hay que crear uno nuevo.
Esta es una actividad creativa y placentera que nos entrena en el hábito del bienestar, aporta un baño químico saludable a todo el organismo. Esto puede llegar a ser una rutina más en nuestra vida. No hace falta esperar a que un día cualquiera nos sintamos bien porqué tuvimos más “suerte” que otro. Está en nuestras manos mejorar nuestra calidad de vida.
El primer beneficio que nos ofrece esta danza es la mejora en el sistema digestivo, ya que al movilizar la zona del intestino este se activa y se regulariza. De la misma manera, quienes tengan problemas con el ciclo menstrual, como irregularidad o dolor durante la regla, obtendrán mejoras a medio plazo.
Si bien utilizamos y tonificamos la musculatura de todo el cuerpo, es en el tronco donde se centra la mayor parte del trabajo. Al fortalecer la musculatura interna abdominal (el cinturón que protege los órganos, también llamado “centro de poder”), se aligera a la columna de la carga excesiva que solemos desplazar hacia la zona lumbar, lo cual nos ayuda a conseguir una postura mejor, más flexibilidad en la espalda y, por supuesto, mayor conciencia y dominio corporal.
La danza del vientre bien practicada nos da una sensación de alivio en las vértebras lumbares, porqué el movimiento separa el espacio que hay entre ellas en vez de comprimirlo (como sucede cuando sacamos el “culo afuera”).
Como trabaja directa e indirectamente la zona perineal, es muy recomendable para futuras mamas, así como para la recuperación post-parto y para prevenir o curar la incontinencia de orina.
La columna, como la principal vía de comunicación del sistema nervioso, es la conexión entre el exterior y los centros superiores, o dicho de otro modo, entre lo externo y lo interno. Los bloqueos en esta zona son exactamente la señal de una mala comunicación con la vida, que pueden mejorarse gracias al movimiento. Rotaciones y ondulaciones nos ayudaran a darnos fluidez, a acercarnos a las respuestas correctas.
Por lo que respecta a la mente, desarrolla la concentración y la coordinación, ya que exige un trabajo simultáneo: mientras que la cadera sigue los ritmos, el torso y los brazos acompañan la melodía.
El movimiento afecta al pensamiento. La rutina nos propone el sedentarismo o los movimientos repetitivos, según sea el trabajo que realicemos. Los mismos grupos musculares activándose una y otra vez repercuten en el pensamiento como un incesante repetir de imágenes y frases sin cambio. Las mismas respuestas, las mismas elecciones. Al sumergirse en el fluir del movimiento, la mente alcanza el estado de reposo necesario para crear nuevos caminos en nuestro pensamiento.
Creo que lo más sorprendente, referente a las emociones, es descubrir que podemos mover el torso. Fuera de este arte, el pecho, que es el centro de nuestras emociones (donde se encuentran los chacras de lo afectivo y lo expresivo), prácticamente no se usa. Me atrevo a decir que cada día que pasa se usa menos. ¡Ya ni para batir huevos! Así nuestra caja torácica, los pulmones, el corazón, no se expanden, y la musculatura está inactiva: ¡Definitivamente nuestras emociones no se mueven como realmente podrían hacerlo!